Una reserva india

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Entrevista a Álvaro, 2014

“Para mucha gente de Burgos Gamonal es como una reserva india”.

Gamonal es un barrio que se construyó a base de arrojar campesinos a la cadena de montaje. Los trabajadores y trabajadoras pasaban más de ocho horas diarias delante de la cadena de montaje de “la ORY”, “la Firestone”, “la Plastimetal”, “la Matutano” y tantos nombres que terminaron formando parte de la jerga del barrio. De allí, tenían que ir a comer, dormir y reproducirse como fuerza de trabajo. Y así es como surgió Gamonal.

Al principio, cuando crearon el barrio, la nueva clase de constructores-especuladores que surgió al calor del Polo de Promoción Industrial franquista imaginaron que los trabajadores únicamente necesitaban habitáculos dentro de bloques de hormigón desiguales construidos en pos de su propio beneficio económico. Fueron las y los trabajadores, según iban llegando al barrio, quienes decidieron que, además de dormir y comer, necesitaban algo más para reproducirse: lucharon por el asfaltado de las calles, por algún espacio sin construir, por escuelas, por centros de salud. Lucharon contra la carestía de la vida. Lucharon, en fin, por humanizar su nueva vida de trabajadores urbanos, aunque la mayoría seguían siendo campesinos desplazados.

A tres kilómetros, mediado por muchos cuarteles y muchos militares, la ciudad de Burgos, Cabeza de Castilla y un páramo de normalidad silenciosa, continuaba viviendo ensimismada, entre el recuerdo de ser capital de la España fascista y la vida burguesa acultural. Gamonal crecía en otro mundo, a cierta distancia, y solo se hacía presente en la gaceta oficial del silencio burgalés (El Diario de Burgos) cuando se convertía en problema: que si los autobuses, que si la Ronda II, que si el Parque Santiago.

En esto llegó la democracia y con buena lógica las fuerzas vivas decidieron poner de alcalde al gerente del Polo de Promoción Industrial. La ideología dominante había dejado de ser el fascismo y los nuevos dispositivos con los que dominaban a las clases populares eran bastante romos: que todo siga más o menos igual y que todos sigamos más o menos igual. También llamado normalidad. La Iglesia contribuía a ello, no sin pocas tensiones entre una jerarquía que despreciaba a los obreros y una base que los encarnó.

El consenso democrático llegó con la crisis económica y con un movimiento obrero en Gamonal cada vez más consciente y con más capacidad de lucha. El fin del franquismo implicaba que las asambleas de las Comisiones Obreras ya no había que hacerlas en un pinar de Fuentes Blancas, sino que se podían hacer en las fábricas. Se mezclaba la conciencia de clase con la idiosincrasia campesina y su cultura, lo que convertía Gamonal en una bomba de relojería revolucionaria al tiempo que en un terreno propicio para el nuevo modo de dominación. A base de lucha de clases, de pequeñas victorias y de grandes derrotas, el barrio fue integrándose en la ciudad.

¿Es Gamonal una reserva india?

Si esto es una hipérbole, es una hipérbole afortunada. Gamonal es una extrañeza en la vida burguesa de una ciudad de provincias cuya grandeza habita en un lejano pasado. Que lo habiten los trabajadores de las fábricas no es el problema. Tampoco la forma de vestir, ni aparcar en doble fila. Gamonal es una reserva india porque desafía la inveterada resistencia al cambio del imaginario dominante burgalés.

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